EL DEPARTAMENTO DE JUSTICIA ADMITE NUEVOS RETRASOS
LA PUBLICACIÓN COMPLETA DE LOS ARCHIVOS DE JEFFREY EPSTEIN PODRÍA DEMORARSE SEMANAS
El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha reconocido que la publicación completa de los archivos relacionados con Jeffrey Epstein podría tardar varias semanas más.
La revelación ha vuelto a sacudir uno de los casos más polémicos y sensibles de las últimas décadas.
Según las autoridades, el retraso se debe al hallazgo de más de un millón de documentos adicionales.
Estos documentos, aseguran, requieren una revisión exhaustiva.
El objetivo declarado es proteger a las víctimas.
Pero la explicación no ha logrado acallar las críticas.
Ni las sospechas.
Ni la presión política y mediática que rodea al caso Epstein desde hace años.
El Departamento de Justicia sostiene que la revisión es imprescindible.
Afirma que muchos archivos contienen información extremadamente sensible.
Datos personales.
Testimonios.
Imágenes.
Registros privados.
Todo ello relacionado con menores víctimas de una red de abuso sexual.
Las autoridades aseguran que una publicación sin filtros podría causar un daño irreparable.
Especialmente a las víctimas que aún viven.
Sin embargo, organizaciones civiles y sectores del Congreso cuestionan la demora.
Alegan que la transparencia prometida sigue sin cumplirse plenamente.
Y que cada retraso alimenta la desconfianza pública.
Para entender la magnitud del escándalo, es necesario repasar quién fue Jeffrey Epstein.
Epstein era un financiero multimillonario.
Un hombre con conexiones poderosas.
Frecuentaba a políticos.
Empresarios.
Miembros de la realeza.
Celebridades del mundo del entretenimiento.
Su red de relaciones le permitió moverse durante años con impunidad.
Durante décadas, Epstein cultivó una imagen de filántropo.
De inversor exitoso.
De anfitrión de élites.
Pero detrás de esa fachada se ocultaba una trama criminal.
Una red de tráfico sexual de menores.
Las denuncias contra Epstein comenzaron a finales de los años noventa.
Durante años fueron ignoradas.
Minimizadas.
Silenciadas.
Las víctimas denunciaban abusos sistemáticos.
Captación de menores.
Traslados.
Agresiones sexuales.
Todo ello en propiedades de lujo.
En Estados Unidos.
Y en el extranjero.
Una figura clave en este entramado fue Ghislaine Maxwell.
Maxwell era la colaboradora más cercana de Epstein.
Su socia.
Y, según la Justicia, su cómplice.
Fue señalada como la encargada de reclutar a las menores.
De ganarse su confianza.
Y de facilitar los abusos.
En 2021, Ghislaine Maxwell fue condenada por tráfico sexual.
Actualmente cumple una larga sentencia de prisión.
Su juicio confirmó la existencia de una red organizada.
Y desmontó la narrativa del “caso aislado”.
El primer arresto de Epstein se produjo en Florida en 2005.
Las autoridades habían reunido pruebas suficientes.
Testimonios.
Registros.
Declaraciones de víctimas.
Sin embargo, en 2007 ocurrió uno de los episodios más controvertidos.
Epstein aceptó un acuerdo de culpabilidad.
Recibió una sentencia sorprendentemente leve.
Pasó poco tiempo en prisión.
Y obtuvo beneficios excepcionales.
El acuerdo fue duramente criticado años después.
Muchos lo calificaron de escándalo judicial.
De trato de favor.
De símbolo de impunidad para los poderosos.
Durante más de una década, Epstein continuó libre.
Mantuvo su fortuna.
Sus contactos.
Y su estilo de vida.
No fue hasta julio de 2019 cuando volvió a ser arrestado.
Esta vez bajo cargos federales.
Tráfico sexual de menores.
Conspiración.
Abusos sistemáticos.
El caso se reabrió en Nueva York.
La presión mediática era enorme.
Las víctimas volvieron a alzar la voz.
Pero el proceso nunca llegó a juicio.
El 10 de agosto de 2019, Jeffrey Epstein fue hallado muerto en su celda.
Su fallecimiento fue declarado suicidio.
La versión oficial generó una oleada de incredulidad.
Teorías.
Dudas.
Sospechas.
Hasta hoy, su muerte sigue siendo objeto de controversia.
Para muchos, la muerte de Epstein impidió conocer toda la verdad.
Y dejó sin responder preguntas fundamentales.
Quiénes participaron.
Quiénes sabían.
Quiénes encubrieron.
En noviembre de 2025, el Congreso dio un paso clave.
La Cámara de Representantes y el Senado aprobaron la Epstein Files Transparency Act.
Una ley que obliga al Departamento de Justicia a publicar todos los archivos relacionados con el caso.
El objetivo era claro.
Garantizar transparencia.
Restablecer la confianza pública.
Y arrojar luz sobre décadas de abusos y encubrimientos.
Desde entonces, la publicación de documentos ha sido parcial.
Fragmentada.
Y lenta.
En los archivos ya divulgados aparecen registros de vuelo.
Listas de pasajeros.
Correos electrónicos.
Fotografías.
Y menciones a figuras públicas.
Entre ellas, el expresidente Donald Trump.
También aparece el expresidente Bill Clinton.
Y otros nombres relevantes del ámbito político y empresarial.
Algunos documentos señalan viajes en el jet privado de Epstein.
Otros muestran comunicaciones indirectas.
Imágenes comprometedoras.
Sin embargo, el Departamento de Justicia ha sido tajante.
Asegura que muchas de las acusaciones contra Trump son falsas.
Sensacionalistas.
Y no verificadas.
El FBI también ha desmentido documentos específicos.
Cartas.
Testimonios.
Registros cuya autenticidad ha sido cuestionada.
Este mes se liberó un nuevo lote de aproximadamente 30.000 páginas.
Incluye correos electrónicos.
Fotografías.
Videos.
Y referencias cruzadas.
Las menciones al nombre de Trump son más frecuentes.
Pero, según el Departamento de Justicia, carecen de base probatoria sólida.
Aun así, la opinión pública exige más.
Quiere acceso total.
Sin demoras.
Sin censura excesiva.
La revelación de que existen más de un millón de documentos adicionales ha generado indignación.
Muchos se preguntan por qué no se conocía antes su existencia.
Otros sospechan que el volumen sirve como excusa.
Para ganar tiempo.
Para filtrar.
Para proteger intereses.
El Departamento de Justicia insiste en que la prioridad son las víctimas.
Asegura que revelar información sin control podría revictimizarlas.
Exponerlas.
Ponerlas en peligro.
Es un argumento delicado.
Y difícil de refutar.
Pero también difícil de aceptar sin reservas.
Expertos legales señalan que la transparencia y la protección no son excluyentes.
Que es posible publicar sin dañar.
Que la demora prolongada erosiona la credibilidad institucional.
Mientras tanto, el caso Epstein sigue siendo una herida abierta.
Un símbolo de abuso de poder.
De desigualdad ante la ley.
De fallos sistémicos.
Cada nuevo retraso reaviva la polémica.
Cada documento publicado genera nuevas preguntas.
Y menos respuestas.
El Departamento de Justicia se enfrenta a una presión creciente.
Del Congreso.
De los medios.
De las víctimas.
Y de una ciudadanía que exige verdad.
La publicación completa de los archivos no será solo un acto administrativo.
Será una prueba histórica.
De transparencia.
O de encubrimiento.
Por ahora, la promesa sigue en suspenso.
Semanas más.
Quizás meses.
Mientras el mundo espera.
Y las sombras del caso Epstein continúan proyectándose sobre la política, la justicia y el poder en Estados Unidos.